El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl dejó de ser solo entretenimiento. Lo ocurrido anoche trascendió la música, el deporte y el espectáculo: fue un mensaje cultural, político y social que marcó un antes y un después en la historia del evento más visto del planeta.
Por primera vez, un artista latino encabezó en solitario el escenario más influyente del entretenimiento global. El protagonista fue Bad Bunny, quien convirtió el halftime show en una declaración de identidad, orgullo y resistencia en un contexto marcado por la tensión migratoria y política en Estados Unidos.
Desde el primer segundo, el mensaje fue claro. Vestido de blanco y con el apellido Ocasio grabado en la espalda —en homenaje a su madre—, el artista puertorriqueño abrió una presentación cargada de simbolismo. La escenografía recreó un barrio latino vivo y auténtico, con “la casita” como eje central: una representación de la vida sencilla de Puerto Rico, hoy amenazada por la gentrificación y el abandono de sus tradiciones. Puestos de comida callejera, árboles cubriendo la cancha y la figura del sapo concho, especie endémica de la isla, reforzaron el mensaje visual.
Durante los 13 minutos del show, el escenario del Levi's Stadium se transformó en un manifiesto cultural. Hubo apariciones sorpresa que ampliaron el alcance del mensaje: Lady Gaga interpretó una versión tropical de Die With a Smile al ritmo de la salsa, mientras Ricky Martin encendió al público con Lo que le pasó a Hawaii y El Apagón.
Entre el público y sobre el escenario se reconocieron figuras como Karol G, Cardi B, Pedro Pascal, Jessica Alba, además de otras personalidades del entretenimiento y la cultura pop.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando Bad Bunny regresó al escenario para entregar simbólicamente un premio Grammy a un niño que veía el espectáculo junto a su padre. El gesto fue interpretado como un homenaje a Liam Conejo Ramos, el niño ecuatoriano de cinco años detenido junto a su padre semanas atrás en Estados Unidos. Sin discursos explícitos, el mensaje fue contundente.
A lo largo de toda la presentación, el español fue el idioma principal. En las pantallas aparecieron banderas de países de América Latina y, casi al cierre, el artista mencionó uno por uno a los países de la región antes de lanzar al público un balón con la frase: “Juntos somos América”.
Más allá del ruido mediático y de las críticas provenientes incluso del expresidente Donald Trump, la NFL consiguió exactamente lo que buscaba: consolidar al Super Bowl como un evento verdaderamente global. La liga lleva años intentando expandir su base internacional y este halftime show fue su jugada más audaz hasta ahora.
Según Sam Sanders, presentador en KCRW, la NFL observa de cerca el modelo de la FIFA y la Copa del Mundo, entendiendo que el futuro del deporte pasa por convertirse en un fenómeno cultural sin fronteras, como declaró a CNN.
El halftime show ya no es solo un intermedio. Anoche quedó claro que puede ser un acto político, cultural y transformador. Y desde ahora, el Super Bowl ya no volverá a ser el mismo.